Ángeles Córdoba Tordesillas

sábado, 14 de noviembre de 2020

MIS PADRES

Mi madre era hermosa a su manera.

Mi padre un hombre hogareño y familiar

que viajaba por trabajo.


Ella tenía unos profundos ojos oscuros.

Él una serena mirada clara. 


Mi madre no quería muchos hijos.

Solo la parejita,

Mi padre los que Dios les diera,

“que cada uno viene con un pan

bajo el brazo”.

 

Mi madre tenía un agujero en la mano

y por ahí se le escapaba el dinero.

Mi padre se lamentaba de volver a casa

y encontrar cortinas nuevas

y colegio impagado.

 

Mi madre era una mujer asustada

con un ego resistente de coraza.

Mi padre no daba besos.

 

Mi madre tenía migrañas

y se cansaba de cuidar a seis hijos.

Mi padre leía en el salón

cuando llegaba.

 

Mi madre siempre recordaba las

fechas importantes.

A mi padre no le gustaba hacer regalos.

 

Mi madre tenía un bonito y esmerado cabello.

Mi padre no se fijaba en los detalles.

 

Mi madre cocinaba para todos.

Mi padre siempre estaba  trabajando.

 

Mi madre compraba muebles lujosos

que pagaba a plazos.

Mi padre odiaba las deudas.

 

Mi madre era una niña aterrada de ser mujer

de ser madre, de envejecer.

Mi padre no daba besos.

 

Mi madre tenía una voz preciosa

y cantaba de maravilla.

Mi padre, también. 

Qué pena que nunca cantaran 

juntos.


Los padres de mis padres fueron

prisioneros de guerra.

Sus madres tuvieron que criarlos

solas.

 

Mis padres tenían ideas políticas contrarias.


Mis padres se divorciaron

un minuto antes de envejecer.

Y a partir de ahí siguieron muriendo

cada uno por su lado.

 

Mi padre enfermó de pronto

y volvió a casa, con mi madre,

como vuelven los gatos a sus gateras,

a lo conocido,

cuando no se sienten bien.


Al fin y al cabo

su hogar era ella.

 

Ella lo recibió con los brazos abiertos

aunque sin besos.

 

Mis padres eran muy parecidos,

ambos buenas personas.

 

Dos seres humanos insatisfechos,

pidiendo a gritos ser comprendidos.

Lástima que no se parasen

a escuchar sus corazones.

 

Mis padres se volvieron abuelos

sin darse casi cuenta.

Mi hijo fue su primer nieto

y mi único hijo.

 

Ahora yo soy abuela

de su primer bisnieto.

 

Mis padres vinieron al mundo

para conocerse,

quererse, herirse,

nacernos,

amarnos 

y morir.


Ángeles Córdoba Tordesillas


Ella ya me olvidó-Leandro Fabio

4 comentarios:

  1. Si, hermana así eran nuestros padres...
    Dos seres humanos extraordinarios... de los que aunque ya no estén aquí...sigo aprendiendo *

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias, David! Los primeros maestros en nuestras vidas, con sus palabras y sobre todo, ejemplo.

      Eliminar

MARIBEL

Vuelvo a creer en la magia. En esa magia infantil de colores, que nos traía a esos personajes fantásticos y bondadosos que nos hacían sentir...