Vuelvo a creer en la magia.
En esa magia infantil de colores,
que nos traía a esos personajes fantásticos
y bondadosos
que nos hacían sentir que el mundo
era un lugar lleno de dulzura y de sueños
voladores.
Y creo de nuevo en esa magia
cuando te veo y te escucho,
mi querida amiga,
porque eres un hada que
no necesita bosque ni
varita mágica.
Con solo tu alma transparente
conviertes el corazón de un adulto en
que sigue creyendo en que
todo lo bueno es posible.
Y justo ahora...
cuando más lo necesitamos.
Gracias.
Ángeles Córdoba Tordesillas