Con nombre de reina
siendo republicana y sirvienta.
Ella,
mujer
campesina,
que cocinaba a
chorreones de aceites
y a puñados de arroces y garbanzos.
No medían, su mano y su lengua.
Natural y meticulosa.
Pocas veces
metía las narices en los asuntos
ajenos
y nunca mentía.
Le interesaba
su vida, su hijo, su marido, su nieto.
Sus casas y
sus cosas.
Con carácter
endemoniado, lamento decirlo
pero así era.
¿Dónde escondía la ternura, Isabel,
para que nadie lo supiera?
Quizá en algún lugar lejano
de una infancia con demasiados deberes y responsabilidades
para tan niña.
Y siguió trabajando duro para tener lo que
otros obtienen fácilmente.
La amargura distraía con sus labores a ganchillo.
Pero estuvo cuando la necesité.
Ojalá hubiera sido más feliz.
Hoy hubiera
cumplido ciento cuantos,
la abuela de mi hijo.
A quien siempre respeté y
aprendí a aceptar y querer
tal y como era.
Isabel.
Ángeles Córdoba Tordesillas
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